viernes, 29 de febrero de 2008

¿Quien cuida a la niña de Rajoy?

¿Quién cuida a la niña de Rajoy?
El ataque a los inmigrantes olvida que ya son los que atienden a hijos y abuelos
PABLO ORDAZ - Madrid - 29/02/2008



Hay una pregunta que los periodistas de la caravana electoral del PP tal vez deberían plantear a Mariano Rajoy: ¿Quién cuida a sus hijos cuando usted y su esposa están trabajando? Seguro que el líder del PP, tan campechano él, respondería sin dar mayor importancia a la pregunta, pero si la considera demasiado personal -y está en su derecho- no habría mayor problema en replantearla así:


El 90% de los cuidadores de dependientes son extranjeros

El PP ha mezclado los conceptos de inmigración y delito
-Señor Rajoy, ¿quién cree usted que está cuidando ahora en España a esa hipotética niña ideal a la que usted se refirió el lunes pasado al final del debate? ¿Quién lleva al colegio a esa niña hacendosa que estudia idiomas y que un día será un "heraldo de la libertad" y sentirá "un hondo orgullo" de ser española? ¿Quién le plancha el uniforme del colegio religioso concertado, friega su cuarto y tal vez se ocupe de que su abuela no se caiga al salir del baño? ¿Quién lo hace en muchos casos por nueve euros a la hora y sin contrato?

Hay quien está convencido -maliciosos los hay en todos los sitios- de que Rajoy saldría del atolladero con una respuesta evasiva seguida de una sonrisa del tipo "¿un bonobús, y eso qué es?, je je je...", pero seguramente están equivocados. Rajoy sabe, como sabe cualquiera que salga de vez en cuando a la calle, que un número considerable de niños y también de ancianos son atendidos a diario por mujeres de otros países. No es una realidad oculta ni subterránea, está ahí, y fluye con toda naturalidad. Cada vez más familias españolas, por encima de su color político, confían lo más frágil y lo más querido de la casa -los niños, los abuelos, los enfermos...- a mujeres de otros países que llegaron al nuestro para intentar mejorar su vida y la de sus familiares. En muchos casos niños pequeños que, no sin desgarro, se quedaron en la otra orilla del Estrecho, del Atlántico o del antiguo telón de acero. Los locutorios que inundan nuestras ciudades se llenan al atardecer de hombres y mujeres que ponen conferencias para saber si sus niños se encuentran bien, estudian lo adecuado o tienen malas compañías.

Seguramente Rajoy ya sabrá -porque el dato procede de un informe reciente del Ministerio de Trabajo- que dos de cada tres niñeras son extranjeras. Y que la mayoría de las mujeres que cuidan niños o son empleadas de hogar proceden de países que no pertenecen a la UE. También sabrá -en el debate se le vio muy bien documentado, más documentado que Zapatero- que, según la revista Consumer, "el 90% de los cuidadores de personas dependientes son inmigrantes que aceptan cobrar salarios más económicos y realizan largas jornadas de trabajo". ¿Qué pasaría si, de la noche a la mañana, este país prescindiera de los inmigrantes?

El PP, en sus últimas intervenciones de campaña, no ha puesto el foco en esa realidad, sino en la que afecta al lado oscuro. Y es verdad que a veces, desde esos locutorios, se hacen llamadas que no buscan el afecto de los hijos que crecen tan lejos sino noticias sobre un cargamento de hachís o las últimas consignas para dar un buen golpe, pero el hecho de que, desde la tribuna acalorada de un mitin, se intente mezclar ambas realidades, salpicar lo general con lo anecdótico, es peligroso y tal vez inmoral. De ahí que en las últimas horas se esté produciendo una reacción muy contundente -por parte de colectivos muy variados- a las palabras del líder del PP. La respuesta tibia de Zapatero -quizá por sorpresa o quién sabe si por cálculo electoral- también está siendo analizadas por su círculo de asesores. El lunes -en el segundo y último encuentro- se podrá ver hasta dónde Zapatero y Rajoy están dispuestos a llegar.

Hace un tiempo la escritora Elvira Lindo publicó un artículo emocionante en este periódico. Seguro que Rajoy lo leyó, y que a él también le emocionó. Se titulaba Sin miedo y hablaba de los hijos de las inmigrantes que van por la calle solos porque sus madres están cuidando a otros niños. "Los veo marchar de la mano, controlando cada paso, llegando a la hora prevista. Van solos al colegio, a hacer recados, a buscar a mamá a barrios lejanos. No tienen miedo, ni su madre ni ellos. Ahí los tienes, parece que van a comerse el mundo".

No es justo que ahora empezaran a tener miedo

OTRO CHISTE CUBANO.

"¡Qué hombre! ¡No hay manera de callarlo!"


Fidel Castro carga contra Javier Solana por apoyar la independencia de Kosovo y defender el cambio de poder en Cuba.- Considera que la última secesión en los Balcanes puede sentar un precedente para el País Vasco y Cataluña
EUROPA PRESS - La Habana - 29/02/2008






El ex presidente cubano Fidel Castro ha criticado duramente al Alto Comisionado para la Política Exterior y de Seguridad Común de la UE, Javier Solana, por quedarse “sin aliento” defendiendo y siendo “el padre teórico de la independencia” de Kosovo, según un artículo publicado en el diario oficial Granma.


Fidel Castro



Nacimiento: 13-08-1926 Lugar: (Mayarí) Cuba
A FONDO
Capital: La Habana. Gobierno: República comunista. Población: 11.308.764 (2004)







En su texto, Castro considera que la secesión de Kosovo sienta un precedente para el País Vasco y Cataluña y opina que “cualquiera se da cuenta” de que tanto catalanes como vascos se podrían acoger a tal principio dentro de la Comunidad Europea. También cree que podrían hacerlo “los escoceses y los irlandeses”.

“¡Qué hombre! ¡No hay manera de callarlo!”, exclama Castro sobre Solana, de quien afirma que no viajaría a la isla porque “Cuba, con motivo de la guerra contra la República Serbia, exhortó al mundo a juzgarlo como criminal de guerra en un tribunal internacional”, refiriéndose a su cargo como secretario general de la OTAN, que ejerció entre 1995 y 1999 cuando se dieron los bombardeos de la Alianza Atlántica sobre Kosovo.

“Hasta Aznar, que aconsejó a (Bill) Clinton bombardear la emisora de televisión de Serbia, lo que ocasionó la muerte a decenas de personas, comprende que en este momento, vísperas de elecciones, no se puede jugar con el asunto de las nacionalidades”, añade.

Por otro lado, ha criticado las declaraciones de Solana sobre el cambio de poder en Cuba asegurando que habló como si se tratara de “la España de Francisco Franco, estrecho aliado de Estados Unidos, y no de Cuba, donde han invertido más de 100.000 millones de dólares para bloquearla y destruirla”.

LA DIPLOMACIA DEL HERMETISMO - MORALES SOLÁ.

El escenario
La diplomacia del hermetismo
Por Joaquín Morales Solá
Para LA NACIONJueves 28 de febrero de 2008 | Publicado en la Edición impresa




Tanto Néstor como Cristina Kirchner han defendido siempre, no sin cierta incomodidad, la relación con Hugo Chávez. La Presidenta acaba de hacerlo en el marco de un anuncio sobre nuevas compras de combustibles líquidos a Venezuela. "Dicen que me acerco a Chávez, pero estoy señalando que Venezuela debe integrar la matriz energética de la región", reprochó Cristina Kirchner hace pocas horas. ¿A quiénes les reprochó? Supuestamente (no nombró a nadie), a exponentes de un pensamiento distinto sobre el populista caudillo de Caracas.

La mención presidencial merece varias precisiones porque se corre el riesgo de que todo termine siendo igual. Salvo algunas voces ultramontanas, no se oyó a nadie que pidiera al Gobierno la ruptura de relaciones políticas o comerciales con Chávez.
La tradición de la diplomacia argentina ha sido, precisamente, la de conservar la relación con todos los países del mundo y tratar de influir en la resolución pacífica de los conflictos internacionales.
Romper con Chávez, porque es un líder cada vez menos presentable en el mundo, iría contra esa vieja práctica de la política exterior argentina.

Otra cosa es ignorar lo que Chávez hace dentro de Venezuela con el argumento de que no se debe interferir en los asuntos internos de otros países. Hace poco, la Presidenta le recordó al feroz dictador de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang, que en su país se han violado -y se violan- todos los derechos humanos conocidos hasta ahora. Lo hizo en público y mirándole la cara.

Sería injusto comparar a Guinea con Venezuela y a Obiang con Chávez. No son iguales. Sin embargo, desde hace mucho tiempo llegan noticias alarmantes de Venezuela que afectan a las libertad públicas, a la intangibilidad democrática de su oposición y a la libertad de informar y de expresarse. Ya hay periodistas presos en Venezuela y algunos medios de comunicación privados han sido cerrados o trasladados al poder del Estado. Nunca se supo que alguno de los Kirchner le haya advertido a Chávez, aunque más no fuera en privado, sobre esos retrocesos en la democracia de un país con una larga historia democrática.

Otras singularidades marcan la especial relación entre la administración Kirchner y Chávez. La habitual tarea a cargo de la Cancillería recayó siempre en manos del ministro de Planificación, Julio De Vido, y hubo durante mucho tiempo un embajador paralelo, Claudio Uberti, eyectado del Gobierno cuando apareció en el Aeroparque al lado de la valija con cerca de 800 mil dólares. Uberti fue nombrado por Néstor Kirchner en el cargo de responsable de las autopistas, pero nunca se aclaró qué hacía como hombre influyente y decisivo en los negocios con Venezuela.

La Argentina tiene también relaciones comerciales, abismalmente superiores a la de Venezuela, con Brasil o con Chile. En estos últimos dos casos, son los diplomáticos de la Cancillería los que llevan las cosas y, cuando se interpone algún problema comercial, es el Ministerio de Economía el que interviene y opina. ¿Por qué la relación comercial con Venezuela debe pasar sólo por el cerrado y hermético tamiz de los "pingüinos"? ¿Por qué debía haber un embajador paralelo con frecuentes viajes a Caracas en aviones privados?

Una cosa es comprar y vender en Venezuela (encanto al que ni los norteamericanos se han negado) y otra es el compadreo argentino con Chávez en los últimos años. Esa relación tan cercana es peligrosa cuando el líder amigo es, al mismo tiempo, amigo de todos los dictadores del mundo, y sobre todo de los más peligrosos. Peligrosos no sólo para el gobierno de George W. Bush, sino también para las naciones más importantes de Europa. El caso del régimen teocrático de Irán es el más emblemático.

Chávez financia a muchas organizaciones sociales argentinas ligadas al kirchnerismo. Sólo una denuncia periodística hizo saltar a un embajador venezolano en Buenos Aires que prodigaba dólares fáciles y generosos. Otra denuncia periodística, sobre el hallazgo de la enigmática valija llena de dólares de Antonini Wilson, expulsó del Gobierno a Uberti, compañero de vuelo del venezolano en el avión rentado por el gobierno argentino.

La riesgosa complicidad política con el líder caraqueño tuvo su momento culminante cuando Néstor Kirchner le permitió a Chávez hacer en el estadio de Ferro un multitudinario acto contra Bush, cuando Bush estaba en Uruguay. La Argentina puede tener distintos niveles de relaciones posibles con Washington, pero lo único que no puede hacer es poner esa relación, ni ninguna otra, en manos de un tercero, sobre todo cuando el tercero es un protagonista interesado en agravar los conflictos.

Lula, Michelle Bachelet o Tabaré Vázquez conservan diferentes formas de relación con Chávez, pero en ningún caso se ha identificado a esos presidentes con el estilo o con las políticas del caudillo venezolano. Han tomado distancia a tiempo o tienen tal protagonismo internacional que la propia comparación hace de Venezuela una relación entre muchas más. Néstor Kirchner, poco propenso a frecuentar el mundo, no se cansó de frecuentar, sin embargo, a Chávez.



* * *


También es cuestionable en el discurso oficial que se le deban "favores" a Chávez, cuando éste sólo ha hecho buenos negocios con la Argentina. El combustible que Venezuela le vende a la Argentina tiene el actual alto precio internacional (que el gobierno argentino lo resuelve, para que no se note, con sus famosos subsidios internos) y cobra también altas tasas de interés por los bonos soberanos que le compra.

La Argentina cayó en brazos de Chávez cuando se empezó a notar que el problema local no era la energía, sino la falta de condiciones para la inversión energética. La Argentina ya le vendió a Venezuela bonos por valor de casi un 50 por ciento de la deuda que le pagó al Fondo Monetario Internacional; este organismo le cobraría la mitad de los intereses que le aplica Chávez. La diferencia, no menor, es que el FMI monitorea las políticas internas y Chávez no está en condiciones de hacer eso: tiene problemas con su propia economía nadando en la abundancia de los petrodólares.

El problema no es, en resumen, la relación con Venezuela, sino el hermetismo, la extrañeza y la confusión que la envuelven.
By JOHN TIERNEY
Published: February 26, 2008
The next time you’re juggling options — which friend to see, which house to buy, which career to pursue — try asking yourself this question: What would Xiang Yu do?



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Further Reading
"Predictably Irrational: The Hidden Forces That Shape Our Decisions." Dan Ariely. HarperCollins, 2008.
"Keeping Doors Open: The Effect of Unavailability on Incentives to Keep Options Viable." Jiwoong Shin, Dan Ariely. Management Science, May 2004.



(PDF)Xiang Yu was a Chinese general in the third century B.C. who took his troops across the Yangtze River into enemy territory and performed an experiment in decision making. He crushed his troops’ cooking pots and burned their ships.

He explained this was to focus them on moving forward — a motivational speech that was not appreciated by many of the soldiers watching their retreat option go up in flames. But General Xiang Yu would be vindicated, both on the battlefield and in the annals of social science research.

He is one of the role models in Dan Ariely’s new book, “Predictably Irrational,” an entertaining look at human foibles like the penchant for keeping too many options open. General Xiang Yu was a rare exception to the norm, a warrior who conquered by being unpredictably rational.

Most people can’t make such a painful choice, not even the students at a bastion of rationality like the Massachusetts Institute of Technology, where Dr. Ariely is a professor of behavioral economics. In a series of experiments, hundreds of students could not bear to let their options vanish, even though it was obviously a dumb strategy (and they weren’t even asked to burn anything).

The experiments involved a game that eliminated the excuses we usually have for refusing to let go. In the real world, we can always tell ourselves that it’s good to keep options open.

You don’t even know how a camera’s burst-mode flash works, but you persuade yourself to pay for the extra feature just in case. You no longer have anything in common with someone who keeps calling you, but you hate to just zap the relationship.

Your child is exhausted from after-school soccer, ballet and Chinese lessons, but you won’t let her drop the piano lessons. They could come in handy! And who knows? Maybe they will.

In the M.I.T. experiments, the students should have known better. They played a computer game that paid real cash to look for money behind three doors on the screen. (You can play it yourself, without pay, at tierneylab.blogs.nytimes.com.) After they opened a door by clicking on it, each subsequent click earned a little money, with the sum varying each time.

As each player went through the 100 allotted clicks, he could switch rooms to search for higher payoffs, but each switch used up a click to open the new door. The best strategy was to quickly check out the three rooms and settle in the one with the highest rewards.

Even after students got the hang of the game by practicing it, they were flummoxed when a new visual feature was introduced. If they stayed out of any room, its door would start shrinking and eventually disappear.

They should have ignored those disappearing doors, but the students couldn’t. They wasted so many clicks rushing back to reopen doors that their earnings dropped 15 percent. Even when the penalties for switching grew stiffer — besides losing a click, the players had to pay a cash fee — the students kept losing money by frantically keeping all their doors open.

Why were they so attached to those doors? The players, like the parents of that overscheduled piano student, would probably say they were just trying to keep future options open. But that’s not the real reason, according to Dr. Ariely and his collaborator in the experiments, Jiwoong Shin, an economist who is now at Yale.

They plumbed the players’ motivations by introducing yet another twist. This time, even if a door vanished from the screen, players could make it reappear whenever they wanted. But even when they knew it would not cost anything to make the door reappear, they still kept frantically trying to prevent doors from vanishing.

Apparently they did not care so much about maintaining flexibility in the future. What really motivated them was the desire to avoid the immediate pain of watching a door close.

“Closing a door on an option is experienced as a loss, and people are willing to pay a price to avoid the emotion of loss,” Dr. Ariely says. In the experiment, the price was easy to measure in lost cash. In life, the costs are less obvious — wasted time, missed opportunities. If you are afraid to drop any project at the office, you pay for it at home.

The Advantages of Closing a Few Doors




“We may work more hours at our jobs,” Dr. Ariely writes in his book, “without realizing that the childhood of our sons and daughters is slipping away. Sometimes these doors close too slowly for us to see them vanishing.”





"Predictably Irrational: The Hidden Forces That Shape Our Decisions." Dan Ariely. HarperCollins, 2008.
"Keeping Doors Open: The Effect of Unavailability on Incentives to Keep Options Viable." Jiwoong Shin, Dan Ariely. Management Science, May 2004. (PDF)Dr. Ariely, one of the most prolific authors in his field, does not pretend that he is above this problem himself. When he was trying to decide between job offers from M.I.T. and Stanford, he recalls, within a week or two it was clear that he and his family would be more or less equally happy in either place. But he dragged out the process for months because he became so obsessed with weighing the options.

“I’m just as workaholic and prone to errors as anyone else,” he says.. “I have way too many projects, and it would probably be better for me and the academic community if I focused my efforts. But every time I have an idea or someone offers me a chance to collaborate, I hate to give it up.”

So what can be done? One answer, Dr. Ariely said, is to develop more social checks on overbooking. He points to marriage as an example: “In marriage, we create a situation where we promise ourselves not to keep options open. We close doors and announce to others we’ve closed doors.”

Or we can just try to do it on our own. Since conducting the door experiments, Dr. Ariely says, he has made a conscious effort to cancel projects and give away his ideas to colleagues. He urges the rest of us to resign from committees, prune holiday card lists, rethink hobbies and remember the lessons of door closers like Xiang Yu.

If the general’s tactics seem too crude, Dr. Ariely recommends another role model, Rhett Butler, for his supreme moment of unpredictable rationality at the end of his marriage. Scarlett, like the rest of us, can’t bear the pain of giving up an option, but Rhett recognizes the marriage’s futility and closes the door with astonishing elan. Frankly, he doesn’t give a damn.

COMPASSION - Ruth La- Sign language. (New York Times)



GABRIEL BYRNE.


He Listens. He Cares. He Isn’t Real.




SIGN LANGUAGE Many viewers say that if you want to know why they love Dr. Weston so, it’s in his hands.


By RUTH LA FERLA
Published: February 28, 2008 - New York Times.
COMPASSION is an aphrodisiac. It is a potent elixir for sure to those who tune in to HBO five nights a week to watch Gabriel Byrne play Dr. Paul Weston, the rumpled, world-weary shrink of “In Treatment.”


Television Review | 'In Treatment': Four Days, a Therapist; Fifth Day, a Patient (January 28, 2008)
The Medium: ‘In Treatment’ (February 8, 2008) Taking in the world from the depths of his leather armchair, Paul is all ears. And eyes. And hands. Steepled, clasped in contemplation or lingering at his cheek, those hands, especially, express empathy better than words.

“They are like an artist’s hands: I watch them all the time,” said Nian Fish, a fashion publicist in New York. In her mind, Mr. Byrne and Paul, the 50-ish psychotherapist he plays, are fused.

It is hard to say whether it is a fantasy of those fingers trailing across their skin, or the promise of an emotional deliverance that so rivets fans of the show, women in particular. But in recent weeks, the viewers’ ardor has transformed Mr. Byrne and his character into the latest Dr. McDreamy, a television healer-as-lust-object, a flash point for audience passions ranging from fluttery crush to full-on erotic fixation.

“He’s a hunk, totally,” said Elizabeth Easton, an art curator in New York who is among the smitten. “He’s hot.” His sympathetic response to patients “makes him even hotter.”

Some male viewers are also susceptible. Reactions to Mr. Byrne/Paul are “almost visceral,” said Vincent Gagliostro, an American filmmaker who lives in Paris. “When I first watched the show, I thought, ‘Oh, I don’t really like Gabriel Byrne,’ ” he said. “Now I’m totally infatuated with him. I want to watch his every move.”

Similar responses are posted on the Web, where chatter about the show and its brooding protagonist is mostly of the uncensored kind. “I could lick Gabriel Byrne all over,” a fan calling herself Therealzenobia confided on an HBO message board. Another viewer, Kleds, seemed to hang on the actor’s every gesture. “I love, love, love when he licks his lips,” Kleds wrote, “or when he simply sticks his tongue in the front of his mouth near his lips for a second. Sooo sexy.”

On the show, which began on Jan. 29, Paul conducts four sessions a week, seeing a different patient (and in one case a couple) Monday through Thursday. The therapist’s fraught encounters with his patients — including Alex, the guilt-racked aviator; Sophie, the teenage gymnast bent on self-destruction; and Jake and Amy, bickering young marrieds — attract intensely devoted viewers. (On Monday night at 9:30 Eastern, 302,000 people tuned in, according to Nielsen.)

Some of the most passionate identify with Laura, a sullen 30-year-old anesthesiologist who chases Paul with a fervor bordering on the predatory. Early in the series, when Laura confesses during treatment that she loves Paul, he replies, “I am not an option.” The audience knows better. Paul’s attraction to Laura provokes the crisis of conscience that is a central conflict in the series.
Hello, Dr. Freud!

The Paul-Laura relationship (not to mention that between Paul and the viewer) is a case study in erotic transference, during which the patient develops feelings of love and sexual attraction for the therapist. But “transference can be a two-way street,” said Peter S. Kanaris, a clinical psychologist in private practice in Smithtown, N.Y. “The common term is counter-transference, in which the intimacy of the therapy may have triggered feelings of attraction and connection toward the patient.”

“At this point in the series,” Dr. Kanaris added, “I have to say Paul’s counter-transference is not going very well. It makes for good television but bad therapy.”

But transference may be just a fancy name for gratitude. Patients in therapy are often effusively thankful just to have someone pay attention to them.

Diane O’Rourke, a medical writer in Chicago, is reminded of this each time she watches. “There is an old saying,” Ms. O’Rourke said, “that most men would rather have you hear their story than grant their wish.That truism applies even when the sexes are reversed. In or out of therapy, Ms. O’Rourke added, “you fall in love with anyone who will listen to your story.”


Paul is good at listening. But there are times when his book-jammed study is more battlefield than confessional. His patients often taunt him and pick at his scabs, while he, in turn, provokes in them a tumult of responses. Amy flirts. Sophie threatens suicide. Alex hurls insults that open old wounds. A master of confrontation, Alex chides the doctor, reminding him that he is no saint. Paul, in fact, is estranged from his wife, at odds with his children and patently unhinged by the depth of his feelings for Laura.

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The Medium: ‘In Treatment’ (February 8, 2008) “I was first annoyed that he was falling in love with a 30-year-old patient,” said Ms. O’Rourke, who is closer to Paul’s age than Laura’s. “But I realized that he is pained by his own imperfections and learning to cope.”

“Paul is attractive not because he has youthful great biceps,” she added, “but because he’s vulnerable — a real person who wakes up in the middle of the night in a cold sweat, worrying, ‘What the hell am I doing here?’

“What could be sexier than that, somebody who knows how fragile you are because he’s so fragile himself?”

Richard Nahem, an American living in Paris and the author of a Web guide about the city, watches the series with a mixture of zeal and unease. “Paul is almost too expressive,” Mr. Nahem said. “A psychologist is supposed to be neutral. But I like that his personal life is in turmoil. You just want to say ‘I’ll take care of you.’ ”

And then you don’t. Part of the drama’s compulsive fascination, viewers say, is that when Paul’s frailties are exposed, he can be off-putting. Snappish and shaken by feelings he can barely express, the psychotherapist is so flummoxed he sometimes turns on Gina, his own therapist and former mentor, played with a mix of compassion and censure by Dianne Wiest.

On such occasions, Mr. Byrne’s sympathetic hands seem repellently waxen. To me they look like instruments of manipulation,” Ms. Fish said. “Physically, Paul gets disgusting. But I’m still rooting for him to have a victory over his weaknesses.”

A publicist for Mr. Byrne, who was born in Dublin and who earlier in his career starred in “The Usual Suspects” and was married to Ellen Barkin, declined to make him available to comment about the unusually personal feelings some audience members have developed for him and his character. Rodrigo Garcia, the writer and director of the drama, which is adapted from a hit television series in Israel, predicted that as the series continues, through March 29, viewers with a crush on Paul might find the spell broken.

“Sure, Paul is a sex symbol,” he said. “But he makes mistakes along the way.
And now that we’re seeing his real problem, maybe he’s not a god after all. It’s like my mother used to say: Being that close to someone, you are seeing his dirty underwear.”


miércoles, 27 de febrero de 2008

FUJIMORI Y MONTESINOS

13 de noviembre del 2005
Los socios vuelven
Fujimori y Montesinos: los nexos de los compinches


> EL ENCARGADO. Además de ser un hombre de estrecha confianza de Vladimiro Montesinos, Calderón Otoya es uno de los encargados de intentar “arreglar” o “limpiar” el rastro de los fujimoristas que viajaron a Chile, a hacerle corte al dictador.


En este artículo
Los amigos del prófugo



Fujimori en Chile

Montesinos y Fujimori están más unidos que nunca. En esta investigación queda al descubierto su red de contactos. Además, se señala a la persona encargada de “limpiar” los registros de los fujimoristas solapados que viajaron esta semana a Chile.

Escribe Jerónimo Centurión / agenciaperu.com

Esta semana quedó evidenciado que Fujimori y Montesinos, socios y cómplices durante 10 años, siguen dependiendo el uno del otro. Ambos saben que sus desgracias empezaron cuando decidieron separarse. Por ello, después que el dictador tocara suelo chileno, los antiguos compinches decidieron reconciliarse.

Fujimori quiso aprovechar la crisis política jurídica entre el Perú y Chile para evadir a la justicia, pero terminó haciéndose el harakiri. El efecto que intentó generar al arribar sorpresivamente a Santiago, y difundir sus pintorescas fotografías, se derrumbó esa misma noche, cuando la policía chilena lo sorprendió festejando en su lujoso hotel, y lo detuvo de inmediato.

Por eso, Fujimori pidió ayuda a su cómplice, al socio con quien ha venido tejiendo a la distancia. Montesinos, a su vez, derivó parte de la labor a Alfonso Calderón Otoya, hombre de su entera confianza.

La tarde del viernes, Calderón se reunió con Mauricio Marín, director ejecutivo de Migraciones; según nuestras fuentes, para “borrar algunas huellas”. El socio del “Doc” ingresó a la Dirección General de Migraciones a la 1 de la tarde, por una puerta a la cual sólo tiene acceso el personal que labora en esta dependencia del Ministerio del Interior.

Una vez dentro, Calderón se reunió con un viejo amigo que le debe más de un favor: Mauricio Marín, director ejecutivo y segundo al mando de la Digemin, quien trabajó antes para Fujimori y Montesinos.

El objetivo de la reunión habría sido borrar los registros migratorios de gente del entorno de Fujimori y Montesinos que no desean ser descubiertas viajando a Chile en los últimos días.

Agenciaperu.com registró a Alfonso Calderón Otoya en el momento que salía de la Dirección General de Migraciones. Al ser confrontado, un nervioso Calderón aseguró que fue a esta entidad “para acompañar a un amigo que tiene que hacer unos trámites”, y no para reunirse con Marín.

Pero Calderón Otoya mintió. Su amigo Mauricio Marín lo delató y, al ser confrontado por nuestro equipo de investigación, no pudo negar el encuentro con el socio de Montesinos.

A continuación, parte de la entrevista ofrecida a agenciaperu.com:

¿De qué habló con el señor Calderón Otoya?
Pasó por ahí nomás. La reunión fue sumamente rápida, creo que 15 minutos. Fue una visita protocolar.

¿Y él justo pasó por aquí, o fue una reunión concertada?
No. Yo programo todas mis reuniones, y le puedo asegurar que no fue una (reunión concertada), o en todo caso, fue una delicadeza de su parte (de Calderón). Él pasaba por ahí nada más.

En la versión de Marín, Calderón Otoya lo visitó para comentarle el reportaje que agenciaperu.com emitió hace 4 meses, hecho que le pareció “de lo más bajo”.

¿Cuatro meses después, él se acerca para comentarle eso?
La verdad que no he sacado la cuenta, pero en todo caso me imagino que… En principio no ha sido una reunión, ha sido una visita, me imagino que expresando su idea, eso es todo.

¿Él no le pidió borrar algunos registros de gente ligada a Fujimori?
Ah no, por supuesto. Ha sido una visita personal a expresarme su rechazo todo lo que salió…

Ni Marín ni Calderón saben mentir. A Otoya sólo lo acompañó su hijo, Mikel, el ex novio de Silvana Montesinos, la hija del doctor. El mismo que hace tres años la visitaba y llevaba regalos al penal de Santa Mónica.

LOS AMIGOS DEL PRÓFUGO

Para Montesinos y sus cómplices, Fujimori es su única esperanza de impunidad
. Pero la telaraña del Chino y Montesinos es un poco más extensa, y tiene como base a ex funcionarios del fujimorato, entre ellos a los ex ministros Jorge Camet, Alberto Pandolfi, Efraín Goldemberg y Absalón Vásquez.

Además de tener procesos pendientes en el Poder Judicial, todas estas personas no se atrevieron a negar estas relaciones, cuando agenciaperu.com les preguntó sobre el tema.

Además, según las mismas fuentes, Fujimori venía manteniendo comunicación desde Japón con su ex ministro de Agricultura, Belisario de las Casas. Este hecho fue confirmado a agenciaperu.com por el propio De las Casas.

“He estado dedicado a mi trabajo y tratando algunos temas por encargo del ingeniero Fujimori, pero he vuelto a la organización por razones de fuerza mayor (…) Siempre he mantenido comunicación, porque soy su amigo de toda la vida”, aseguró De las Casas, quien, sin embargo, se negó revelar el número de veces que ha mantenido comunicación con Fujimori.

De las Casas, al igual que la mayoría de fujimoristas, aún no sabe cómo asimilar el hecho que Fujimori esté detenido en Santiago. Para él, el estado de su líder, y el inicio de un proceso de extradición sin el amparo de Japón, son “parte de su estrategia”.


> FUJIMORI NUNCA IMAGINÓ QUE SERÍA APRESADO LA PRIMERA NOCHE EN SANTIAGO.
Ello queda evidenciado en las imágenes captadas en su trayecto del hotel al lugar donde hasta ahora permanece detenido. Allí se vio a un dictador al que le faltaba el aire, y se cubría la cara como cualquier delincuente común.
“Esta estrategia la ha planificado el ingeniero Fujimori. Él planifica bien sus cosas, por eso se ha sometido a los jueces de Chile, porque aquí no nos ofrecían las garantías”, dijo con poca seguridad.

Alberto Fujimori permanece detenido en una celda de tres por dos metros y medio, acompañado permanentemente por un policía que sólo se desprende de él para ir al baño. Pero en su campaña de imagen, el “Chino” pretende negar la realidad.

El día de ayer, sus hijos, Hiro y Kenyi, se pusieron terno para salir a decir que su padre está muy bien, cuando todos sabemos que no es cierto.

Pero hasta antes que Fujimori se precipitara, sus socios tenían algunos planes, como el relanzar una campaña comunicacional. Según nuestras fuentes, el encargado de esto era Luis Alfonso Morey, un joven abogado que salió del anonimato por liderar un grupo fujimorista denominado “Alto a la persecución”.

Morey, de acuerdo a los mismos informantes, fue el encargado de coordinar con los fujimontesinistas Jorge Morelli, Vicente Silva Checa, Carlos Boloña, Jorge Trelles, el prófugo Julio Vera Abad y Rafael Poblete.

Confirmando a nuestras fuentes, Morey aceptó los nexos.

¿Usted ha estado en comunicación con el ex presidente Fujimori?
Sí, hace un tiempo sí, pero no en las últimas semanas. Estuve por Tokio en Julio pero a la fecha, en este instante el operativo de Chile no es algo que esté realizando yo.

¿Usted ha tenido comunicaciones con el señor Carlos Boloña últimamente?
No, hace varios meses que no hablo con el señor Boloña, tengo una buena relación con él, es mi amigo.

¿Con Jorge Morelli?
Sí el es amigo mío.

Intentamos conocer las versiones de Boloña y Vicente Silva Checa. Nuestros periodistas visitaron sus residencias con el fin de pedir su versión sobre estas informaciones. Sin embargo, ninguno de ellos quiso dar la cara.

FUJICANAL

El 20 de marzo de 2003, bajo la atenta asesoría del experimentado Vicente Silva Checa (el socio del prófugo Calmel del Solar), Luis Alfonso Morey, y el empresario Enrique Mendoza del Solar (dueño de un canal en Arequipa y padre del congresista tránsfuga Miguel Mendoza),
constituyeron la empresa Canal Azul SAC.

Según fuentes fidedignas, la idea del canal era promover la campaña del retorno de Fujimori. Pero el plan no les dio resultado y abandonaron el local. Sin embargo, esta semana la productora comenzó una nueva etapa.

Al ser consultado, el encargado, Rafael Poblete, aseguró a agenciaperu.com que no trabajará para la campaña de ‘Sí Cumple'. Más bien, Poblete aseguró que está dedicando al esoterismo: “No para nada, a las justas estoy haciendo un programa esotérico para un canal UHF”.

Mientras los fujimoristas invocan a algún espíritu para que les haga el milagro de evadir la prisión, la desesperación se va apoderando de ellos. Así, va quedando al descubierto lo que vanamente negaron: la relación de dependencia entre Fujimori y Montesinos.

En ese sentido, esta semana hemos visto cómo el diario montesinista ‘La Razón' se la jugó entero por Fujimori y, en la radio, Fernando Viaña y Jorge Morelly lo tienen como libro de cabecera.

lunes, 25 de febrero de 2008

MAYO FRANCÉS.

"El llamado Mayo del 68 supuso, en términos simbólicos, el final de una época, no porque a causa de los sucesos ocurridos entonces las ideologías, como se ha venido diciendo, iniciaran una marcha lenta pero inexorable hacia su desaparición, sino porque a causa del decepcionante desenlace de un suceso que parecía encarnar el espíritu de una época se produjo un general escepticismo respecto de la posibilidad de que cualquier ideología fuera capaz de alterar un ápice el curso ciego de la historia. La teoría política dominante ya había afirmado en términos irrecusables que cualquier ideología era sólo el fruto de las circunstancias y no su semilla.


Eran las condiciones socioeconómicas las que determinaban las ideologías y no a la inversa. Ahora, los acontecimientos venían a confirmar esta visión determinista de la sociedad.

No creo, sin embargo, que este desencanto, por así decir, fuera el elemento distintivo de las nuevas corrientes literarias. No quisiera pecar de pretencioso, pero creo haber advertido en autores muy antiguos, como Cervantes y Homero, por citar sólo dos nombres conocidos, el mismo escepticismo respecto de las propiedades terapéuticas de la letra impresa. Sin restar importancia a lo que pudo suponer el fracaso del llamado Mayo del 68 para la conciencia de Occidente, yo tiendo a pensar que el desencanto producido por una reiterada demostración práctica de la virtual inutilidad del esfuerzo individual o colectivo tuvo su génesis y su consolidación en un fenómeno nuevo: la sobreabundancia informativa." E. Mendoza
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ROSA DIEZ Y JUAN MANUEL PRADA.

Rosa Díez

JUAN MANUEL DE PRADA

Es menuda y juncal, con algo de búcaro que parece a punto de quebrarse, pero está poseída de una pasión civil incandescente. Nada humano le es ajeno; conversar con ella es como asomarse a un paisaje de incesante amenidad. Irradia ese alborozo que sólo ilumina a los espíritus libres, un alborozo templado en las fraguas del coraje que se alimenta de unas convicciones firmes y discurre por su vida como un río desbordado, codicioso de futuro, rompiendo diques, sublevándose siempre contra los cauces establecidos. La enaltece una vocación insomne de servicio a los demás; y esa vocación de índole humanista le impide traicionarse a sí misma, le impide guarecerse cómodamente detrás de unas siglas que han dejado de defender aquello en lo que cree. Rosa Díez cree en cosas muy sencillas: cree en una libertad sin cortapisas ni contrapartidas, cree en la posibilidad de una regeneración democrática, cree en una nación de ciudadanos iguales en derechos y obligaciones, solidarios frente a quienes pretenden obtener privilegios mediante el chantaje.

Se especula si la nueva formación que Rosa Díez encabece restará votos a las facciones políticas en liza. Desde la izquierda se intenta caracterizar a Rosa Díez, que es más roja que las amapolas, como una especie de submarino de la derecha; es un propósito, amén de mezquino, grotesco, que no resiste un análisis mínimamente serio y que sólo satisfará a la militancia más sectaria.

Desde la derecha, que tantas veces ha aplaudido las actitudes paladinas de Rosa Díez, se contempla con recelo su decisión y se trata de presentarla como una escisión de la izquierda. A medida que pasen los meses y se aproximen las elecciones generales, unos y otros recrudecerán sus ataques y apelarán al execrable «voto útil», que como se sabe es sólo útil para quien lo demanda.

Pero Rosa Díez no viene a robar votos a nadie; viene a proporcionar una alternativa a quienes se sienten defraudados o lesionados en sus convicciones, también a quienes la política al uso provoca hastío o rechazo y, desde luego, a quienes creen que existen asuntos imperiosos, ineludibles, que están por encima de la bandería política y que exigen soluciones unívocas, no sometidas a la componenda con los nacionalistas.

A la postre, el éxito electoral de la formación de Rosa Díez sería el fracaso del nacionalismo: por primera vez en nuestra democracia, los grandes partidos políticos tendrían que pactar con una formación que defiende intereses nacionales comunes, antes que con quienes se aferran a privilegios particulares. ¿Por qué algo que resultaría tan beneficioso para los españoles es contemplado con tanto recelo o inquina por los partidos establecidos?

En el fondo de tanto recelo e inquina subyace el miedo. Los partidos establecidos representan un modo de hacer política acechado por la decrepitud: son maquinarias organizadas para la conquista del poder, sometidas a disciplinas ciegas, que fundan su fuerza sobre una visión anquilosada y patrimonialista de la voluntad ciudadana. Y, naturalmente, tienen miedo de que esa voluntad ciudadana se rebele y se sienta atraída por un proyecto nuevo, en el que no importe tanto el apriorismo ideológico como la defensa de principios que aúnen a personas de ideologías diversas, principios en cuya consecución esas personas estén dispuestas a arrimar el hombro y darse la mano. Y es que, sobre todo entre las generaciones últimas, hay muchos españoles a quienes la división tradicional entre derechas e izquierdas les suena a cuento chino, a monserga heredada que no sirve para explicar la realidad y mucho menos para dar respuesta a los retos que la realidad ofrece.

Por eso los partidos establecidos tienen miedo: saben que representan una forma de hacer política vetusta, condenada a la extinción, sobre cuyos escombros se erigirá una forma nueva.

Y Rosa Díez, poseída por una pasión civil incandescente, anuncia esa novedad codiciosa de futuro. Prepárate, querida amiga, para el vapuleo al que te van a someter tirios y troyanos; y no olvides que cada golpe que te propinen, cada vituperio que te escupan, es el estertor de una bestia decrépita y agonizante.
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MÁS SOBRE FONTANARROSA.

UNA DE SUS CRONICAS FUTBOLERAS
La mentalista y el joven rubio
Fontanarrosa.





El humorista cubrió el Mundial de 1994. Fue cuando inventó a la Hermana Rosa, una vidente del Barrio Alberdi de Rosario.




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Roberto Fontanarrosa. (Desde algún lugar en el Triángulo de las Bermudas).





Mi compañero de asiento de la derecha me pregunta si mi pequeña procesadora de textos es un neceser. Quizá confunde la pantalla con un espejo. Le informo que no, que es una "note book" y que estoy enviando mis notas al diario. Esto es posible gracias a los adelantos tecnológicos. Basta una sencilla conexión de mi ordenador con el sistema de radar del avión, otra del radar con el ciclómetro transversal de a bordo, y de este con la estación terrena de Balcarce. Tiene la ventaja de que si sobreviene una caída del sistema (o una caída del avión), el texto queda registrado en la caja negra del aparato. Mi compañera de la izquierda se ha ofrecido, gentil, para simplificar el proceso. Es una mentalista y vidente rosarina, especializada en tarot marsellés y recuperación de parejas. Dice llamarse "Hermana Rosa", es del Barrio Alberdi y afirma volar a Boston para enviar buenas ondas al seleccionado argentino... Promete trabajar sobre la recuperación de la pareja de zagueros centrales del equipo.

La onda parece expandirse. En el avión hay un joven que luce una camiseta con la publicidad de un supermercado. Incluso el comisario de a bordo pasa con otra donde se lee: Aerolíneas Argentinas. Se comprende que el aspecto económico es importante, pero más le valdría atender la ruta, ya que ahora es el momento de más tráfico en el Triángulo de las Bermudas. He visto pasar una escuadrilla de viejos aviones a hélice Thunderball de la marina norteamericana y en los rostros de los pilotos (avejentados ya) podía leerse un atisbo de confusión.

La mentalista estima esta zona como la más interesante del viaje y saca fotos por las ventanillas de la nave. Mi otro compañero (un corpulento joven rubio) insiste con el neceser. Además, se congratula de haber conseguido entradas para la justa deportiva. Le pregunto si viaja a Boston para ver a Argentina. Dice que no, que viaja a Nueva York a los Juegos Olímpicos Gay, que empiezan dentro de unos días. Me ofrece compartir las refrescantes servilletas perfumadas que acompañan la cena.

Sin omisión ni distorsiones. Se temió, por un momento, que los norteamericanos coparan la información y la manipularan como en otra ecuménica competencia internacional: la Guerra del Golfo. Mi amiga Sheila Salholz, reportera del Quincy Daily, aventuraba que, de hacerse cargo la CNN de la transmisión, todo se reduciría a la aparición (posterior a los encuentros) de Bora Milutinovic frente a las cámaras, tras un pupitre, diciendo: "Lean mis labios. Hemos derrotado a Rumania".

(Publicado en Clarín, el 15 de junio de 1994)






















Los cuentos de fútbol, un clásico de sus libros



En una entrevista de hace unos años Roberto Fontanarrosa contó que sólo dos veces su mujer había considerado imprescindible interrumpir su solitario ritual de trabajo matutino. "La primera me dijo Estamos en guerra con Inglaterra; la segunda, Diego firmó para Ñuls". Ningún lector de Fontanarrosa puede encontrar extraña la anécdota: los cuentos de fútbol del Negro, infaltables en cada libro, aun aquellos escritos desde la ironía, delataban su pasión.

El más conocido es "19 de diciembre de 1971", ese viaje hacia la muerte feliz del viejo Casale que hasta compite con la palomita de Poy como símbolo de un Central-Newell''s histórico. Pero hay otros, muchos. Como "Lo que se dice jugador al fulbo", en el que un hincha reencuentra a su máximo ídolo para insultarlo por un gol perdido, o "La observación de los pájaros", que cuenta el paseo por las calles desiertas de Rosario de un hombre que no quiere saber cómo va el clásico.

A través de esos cuentos, de su libro "No te vayas campeón", de historietas las de la serie "Semblanzas deportivas", de las crónicas que tenían como protagonista principal a la Hermana Rosa, Fontanarrosa entró sin necesidad de permiso en la historia del fútbol argentino. Una vez escribió que cuando la Selección argentina salía a la cancha, con ella salían una vieja foto del Gitano Juárez, su viejo, su tía Celia -"atando un pilato en el pañuelo antes de la semifinal con Newell''s"—, El Gráfico y Alumni, Roberto Perfumo, Fioravanti, Dante Panzeri... Duele saber, puta madre (él consiguió la amnistía de las malas palabras), que ya no habrá nuevos cuentos del Negro. Pero en el próximo partido, seguro que él también entra a la cancha con la Selección.


Carlos Prieto

Para FONTANARROSA.

Horacio Pagani .
hpagani@clarin.com






Vos no te podés morir, Negro. No tenés derecho. Si sos un símbolo de los argentinos, como la bandera o como el escudo. Y los símbolos son inmortales, viejo. ¿Te acordás en la Copa América de Uruguay, en el 95, cuando ya habías instalado a la Hermana Rosa? Todos te buscaban. Eras un embajador sin cartera, decías parafraseando a Muñoz. ¿Y en Colombia, en las eliminatorias del 97? Eras tan conocido como Gardel y vos sabés que Gardel nunca murió. Tanto ingenio para dibujar, tanto talento para escribir, tanta gracia para hacer reír, y terminabas enmarañado con el fútbol. Si el fútbol era el eje de todo en tu vida. Y Central, el nudo. Un sentimiento, decías.

Yo puedo dar fe que nunca perteneciste al Ocal (Organización Canalla Anti Leprosa). Así me lo contaste cuando te acusaba algún hincha de Newell''s. No eras de mentir ¿no? Ni de roncar, lo confirmo tras las múltiples habitaciones que compartimos en los mundiales de Estados Unidos y de Francia. Y dabas envidia con tu orden para guardar la ropa, dobladita. Y con la bibliografía que llevabas para respaldar tus narraciones geográficas o esotéricas. O lo que fuera. Porque no improvisabas. Eras genio más información. Un escritor memorable.

Hacía un calor terrible aquella tarde en Dallas cuando explotó la noticia del dóping de Maradona. Te brillaban los ojos de la bronca. Si vos también creías que ese equipo del Coco Basile estaba para campeón del mundo. Y a la madrugada siguiente, cuando todos los de Clarín fuimos al Aeropuerto para volver a Boston, y estaba Diego —compungido— sentado en un banco, te mandamos a vos para que iniciaras el acercamiento. Y gracias a vos hicimos la nota exclusiva. Alemania, Francia, Italia, conocías a todos los jugadores. Y la forma de jugar. Pero siempre te la rebuscabas para volver a Central. El Gitano Juárez era el referente. Y el Flaco Menotti. Y el Negro Palma. Hablabas y escuchabas. Una virtud de pocos. No, Negro, vos no te podés morir.

ENRIQUE GIL CALVO.

TRIBUNA: ENRIQUE GIL CALVO
¿Quién teme al hipertexto feroz?
ENRIQUE GIL CALVO 27/08/2007

Cuando sueña que es engullida por el irresistible ascenso de Internet, la Galaxia Gutenberg se echa a temblar. Y su pesadilla se parece al cuento de Caperucita, pues quienes están siendo devoradas no son las empresas editoriales, cuyas sucursales electrónicas hacen de cazadores mercenarios vendidos al lobo feroz, sino las criaturas juveniles, cuya cándida mente se deja seducir por los perversos peligros que les acechan en el bosque digital: pederastia, pornografía, manipulación, etcétera.

En efecto, la educación sentimental de los menores de la e-generación está guiada por el influjo de la lectura digital, y ya no por el espíritu de la lectura impresa como se cree que sucedía con las generaciones previas. Y al decir de los oráculos, ese cambio educativo ejercerá consecuencias decisivas, venturosas para los panglosianos que ensalzan las virtudes mágicas del digitalismo, desastrosas para los agoreros que denuncian sus vicios perversos. Pues aunque unos lo interpreten como un impacto providencial y los otros catastrófico, tecnófilos y tecnófobos coinciden en atribuir una importancia desmedida al cambio de soporte lector, sin que se les haya ocurrido que estemos ante otro caso de vino viejo en odres nuevos.

Los apologistas del digitalismo simbolizan sus virtudes en el hipertexto: un espacio virtual de mayor complejidad que el texto escrito tradicional, pues todas las páginas digitales están conectadas por enlaces en cadena que las remiten a otras páginas derivadas hasta componer un laberinto multinivel análogo al borgiano jardín de los senderos que se bifurcan.

Pero además, el hipertexto permite leer y escribir simultáneamente, para conectarse en tiempo real a una conversación plural que se reescribe sobre la marcha por la acción espontánea de múltiples voluntarios. Así se abre el acceso colectivo a un discurso emergente con forma de diálogo polifónico que aúna la doble virtualidad de la oralidad y la escritura y en el que desaparece la separación asimétrica entre autor y lector, permitiendo a todos interactuar de tú a tú en pie de igualdad. Lo cual democratiza la república de las letras, que deja de ser una oligarquía platónica de sabios autores para convertirse en una sociedad abierta de lectores-escritores.

Frente a esto, los detractores del digitalismo atacan el hipertexto con el argumento de que impide aprender a pensar con la misma eficacia que lo hacía la escritura tradicional. Es posible que la lectura digital sea superior a la impresa por su mayor capacidad de información, pero la lectura impresa es muy superior a la digital por su mayor capacidad de formación, pues para aprender a pensar hacen falta textos lineales escritos por autores consagrados. Textos lineales porque sólo se aprende a pensar leyendo relatos de hechos consecutivos cuyo hilo argumental esté lógicamente encadenado por consecuencias de causa a efecto. Algo que el hipertexto no permite hacer, pues sus unidades están interconectadas aleatoriamente careciendo de estructura lógica. Y de autores revestidos de autoridad universal para aprender de ellos a evaluar la realidad, rechazando el relativista todo vale del hipertexto arbitrario cuya única jerarquía es el ranking cuantitativo.

Pero este modelo canónico de lectura lineal y autorizada es una caricatura improbable de la lectura efectiva, pues nadie lee en realidad así.

Recuérdese el libro de Daniel Pennac Como una novela que revela el proceso real de adquisición del hábito lector, incluyendo su decálogo de derechos: a hojear, a releer y a no leer, a saltarse las páginas, a no terminar el libro, a leer cualquier cosa y en cualquier lugar... No se aprende a leer linealmente y de pe a pa sino sólo fragmentariamente y a salto de mata, empezando los libros por la mitad, saltando de uno a otro y leyendo el final antes del principio. Y nadie respeta el santoral del canon autorizado, pues se mezcla a los autores malditos o genéricos con los consagrados. Pero esto es lo mismo que se hace con la lectura digital, navegando a tientas a través del hipertexto de unas páginas virtuales a otras con pasos adelante y atrás. Así que no hay nada nuevo bajo el sol: es la misma vieja lectura sólo que leída en vistosos odres virtuales de flamante factura digital. De ahí que se pueda establecer una fertilización cruzada entre el hipertexto impreso y el digital, colonizando como depredadores oportunistas un hipertexto mixto que se saquea a placer con objeto de saciar la avidez del lector. Y esas lecturas cruzadas se combinan de forma compleja en la memoria del lector digital e impreso hasta que aprende a pensar espontáneamente a partir de su dispersa experiencia lectora.De modo que la nueva lectura digital es la continuación de la vieja lectura impresa leída por otros medios. Así lo demuestra la evidencia de los índices de lectura, pues son los mismos jóvenes escolarizados quienes lideran tanto la lectura impresa como la digital. No es extraño, por tanto, que la vieja industria editorial se esté pasando con armas y bagajes a su presunto enemigo digital, esperando expandirse por su abierto territorio para colonizarlo en provecho propio. Pero ¿por qué cambian los jóvenes de soporte lector, pasando de uno a otro sin solución de continuidad? Hoy los jóvenes buscan en las páginas digitales la realización de unas promesas que antes encontraban en las páginas impresas pero que ahora éstas ya no saben ofrecer. Entre ellas destaca la promesa de innovación y creatividad, muy importante para los jóvenes cuya inexperiencia les lleva a identificarse con la última novedad. También influye la promesa de identidad y reconocimiento, pues en la red se encuentran virtuales fraternidades de pares. Pero la más atrayente es la promesa de misterio, secreto y peligrosidad.

Al decir misterio me refiero al clima enigmático de riesgo, incertidumbre y expectación que atrae como un imán en las novelas de suspense y aventuras. Pero eso se encuentra hoy mejor en la red, un laberíntico archipiélago poblado de islas misteriosas donde la aventura aguarda a la vuelta de cada esquina. Al decir secreto aludo al turbio clima de simulación y clandestinidad que permite ocultarse tras identidades anónimas para llevar una doble vida contando con la complicidad fraterna. Es lo que Daniel Pennac llama bovarismo para la literatura: el morboso estigma de pecado y culpa colectiva que se comparte con los demás afiliados a la sociedad secreta de lectores viciosos en la que se ingresa con la adicción a la lectura. Pero ese bovarismo literario está hoy amplificado gracias a la red, transmisora de virulentas epidemias de bovarismo virtual y poblada por multitud de sectas que garantizan la fraterna complicidad de los adictos a su culto secreto.

Y al decir peligro apunto al malsano clima de transgresión y perversidad que aguarda a quienes se introducen en los moralmente dudosos paraísos artificiales prometidos por las páginas digitales. Baudelaire erigió a las flores del mal en emblema de la poética moderna, un legado maldito que después heredaría el surrealismo para hacer del cadáver exquisito y del disparo indiscriminado contra la muchedumbre la máxima expresión estética. Pero lo mismo puede decirse de la poética digital que hace del malditismo transgresor su espina dorsal, creando una morbosa expectación por lo freaky que atrae poderosamente a la juventud. Algo que debería preocupar a los detractores del digitalismo que alertan contra los presuntos efectos perversos del hipertexto feroz, pues cuanto más peligroso y transgresor parezca, mucho más atractivo resultará para los jóvenes. Y es que vino viejo o vino nuevo poco importa, con tal de que la lectura atrape lectores y cumpla la función embriagadora y espirituosa que le es propia.

Enrique Gil Calvo es profesor titular de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.
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POR ESCRITO GALLINA UNA

Con lo que pasa es nosotras exaltante. Rápidamente del posesionadas mundo estamos hurra. Era un inofensivo aparentemente cohete lanzado Cañaveral americanos Cabo por los desde. Razones se desconocidas por órbita de la desvió, y probablemente algo al rozar invisible la tierra devolvió a. Cresta nos cayó en la paf, y mutación golpe entramos de. Rápidamente la multiplicar aprendiendo de tabla estamos, dotadas muy literatura somos de historia, química menos un poco, desastre ahora hasta deportes, no importa pero: de será gallinas cosmos el, carajo qué.
J.C.

PENSAR EN ESPAÑA.

Vuelvo a pensar en España.
Lo hago a menudo, lo juro , no por aquello de los paraísos perdidos – no existen, ni perdidos ni de cualquier otra manera, supongo- , sino porque España me regaló la posibilidad de ser extranjero, una condición inapreciable. El extranjero tiene la obligación – y la oportunidad- de estar siempre atento, de vivir a dos metros del suelo, de entender el rumbo de la cabeza general de un sitio, de descifrar a las mujeres. El extranjero no debe mirar atrás – se aprende -, y sólo puede permitirse nostalgias de calidad, un tanto secretas, personales, que, si es argentino, lo alejen todo lo posible de Discépolo, de Freud, de preguntas como qué país les dejaremos a nuestros hijos.
España se muestra generosa en ese sentido. Deja al extranjero cambiar la piel.

En España hay menos día siguiente, menos reloj, menos angustia. Es un lugar antiangustia, sin ser trivial ni ligero, sin dejar por completo su famoso sentimiento trágico. Sólo que no se envenena de tragedia, y resulta capaz de dar vuelta una historia tremenda.
Vuelvo a pensar en España, donde fui extranjero.
El extranjero tiene que bajar el copete, lo que es muy sano. Sobre todo si el extranjero es argentino, y tiende a saber economía, política, fútbol, relaciones internacionales, cine, tanto como a aborrecer las corridas de toros y a practicar la constante liturgia del subconsciente.
Un día, como ocurre con las separaciones amorosas, despierta el extranjero con la noción clara de que ha dejado de serlo. Ya es del lugar. De golpe. Entonces, pueden ocurrir dos cosas: se vuelve con todo lo aprendido y vivido, o se queda, tranquilo, y engorda alegremente: la comida, a ver quién lo discute, es mucho mejor.


Publicado por Mario Mactas el 22/08/2007 | Enlace permanente
FOCO : MOVIMIENTOS DESPUES DEL ULTIMO PASO DE MACRI

Quién se anota segundo: la pelea que viene entre los candidatos opositores



Eduardo Aulicino
eaulicino@clarin.com


Podría haber sacudido la campaña, pero el anuncio de Mauricio Macri sobre sus preferencias para octubre no produjo alteraciones significativas ni siquiera en la oposición. Ricardo López Murphy resultó finalmente el más afectado por la decisión de su socio, que prometió un respaldo tan mínimo que cuesta leerlo como un real apoyo. Para el resto de los candidatos, se terminó de aclarar el panorama: todo indica que la principal pelea, al menos durante el próximo mes, será entre ellos mismos para ganarse un segundo puesto que habilite las esperanzas de ballottage con Cristina Kirchner.

Antes se habían agotado las expectativas del llamado peronismo disidente, que en la búsqueda de alguna figura con buena imagen había especulado y alentado la posibilidad de que Macri entrara a la competencia. Ayer, este sector terminó de cerrar otro capítulo: la elección de San Luis reafirmó el poder local de los Rodríguez Saá y los comicios de La Rioja dejaron golpeado otra vez a Carlos Menem.

El problema para este grupo es la carencia de candidato y el riesgo cierto de dispersión. El jueves se fisuró además la relación con su único aliado externo, Jorge Sobisch, alejado definitivamente de Macri luego de la conmoción generada por la muerte del docente Carlos Fuentealba. El gobernador neuquino se reunió con Adolfo Rodríguez Saá y Ramón Puerta para formalizar la decisión de competir y no demorar su candidatura, más allá de lo que ellos resuelvan en los próximos días.

El calendario apura a todos. Corre el cronograma electoral: la semana que viene vencen los plazos para inscribir alianzas y diez días después, para presentar listas. Pero también pesa el cálculo político: en el conglomerado opositor advierten que el próximo mes será decisivo para que algún candidato se instale con chances de presentarle batalla real al oficialismo en el tramo final de la campaña.

Ese asoma como el desafío central, animado además por las perspectivas que abren los escándalos y otros tropiezos del Gobierno, aunque algunos reconocen que tales episodios no se traducen mecánicamente en beneficio propio.

En ese horizonte, la situación de López Murphy asoma como la más difícil. Sólo tiene garantizado el respaldo de Macri en la Capital: un caso original, porque él compite por la presidencia y debe hacer campaña en todo el país.

Allegados al candidato dejaron trascender el renovado intento de puentes hacia Elisa Carrió, algo que realimenta las especulaciones sobre un paso al costado, sugerido por el propio Macri, para disputar en la Capital una banca de senador. Carrió reiteró que no hay negociaciones en esa dirección. No sonó a portazo, y hay contactos. La líder del ARI tiene además otra agenda. Enfrenta un juicio oral y público por una de sus denuncias, que le está dando mayor volumen a su campaña, y debe definir alianzas.

Carrió espera poder cerrar trato con el socialista Rubén Giustiniani, para integrar la fórmula, pero ocurre que los hombres del PS tienen sus tiempos y también sus internas, duras, entre sectores opuestos al Gobierno y otros que decidieron alinearse con el oficialismo. Para completar, los socialistas se juegan su principal partido el 2 de setiembre en Santa Fe, y desde allí Hermes Binner ya dio señales de que hasta entonces no quiere movimientos que puedan complicar la campaña.

Otras son las inquietudes de Roberto Lavagna. Entre sus allegados consideran que López Murphy está muy relegado en la carrera y que la decisión de Macri abre espacios para disputar esa franja electoral y para acuerdos en algunos distritos.

En esa perspectiva, observan con atención los movimientos del macrismo en la provincia de Buenos Aires. Esperan ver qué ocurre en la Justicia electoral con la candidatura de Francisco de Narváez, un ex aliado: si no pasa esa prueba y el candidato de ese sector es Jorge Macri, podría abrirse un canal de conversaciones. Pero el mayor objetivo es la disputa por el segundo lugar en la competencia general. Y según la mayoría de las encuestas, ése es un escalón que discute con Carrió.

Hasta ahora, los candidatos opositores han evitado las peleas dentro de la misma y heterogénea vereda. Hubo algunos cruces, pero la campaña no pasó por allí. ¿Seguirán así? Habrá que ver cómo opera la necesidad en los tiempos que vienen.

PEREZ REVERTE - APOLOGÍA DE LA MISOGINIA.

Arturo Pérez Reverte: ¿apología de la violencia de género?

Hoy recibo una denuncia de la red feminista de España donde dice: "Por ejemplo, hoy he tenido la mala suerte de encontrarme con esta frase: …y se nos cruza una rubia de buena cara y mejor figura, vestida de negro y con zapatos de tacón, que camina arqueando las piernas, toc, toc, con tan poca gracia que es como para, piadosamente –¿acaso no se mata a los caballos?–, abatirla de un escopetazo…" Bien, dicen las mujeres de la red feminista: "esto es apología de la violencia de género.

Decir que una mujer que no cumple con el mandato de género de ser una señora, 'como las de antes', merece la muerte, es hacer apología de la violencia de género, por mucho recurso metafórico que uno calce. Especialmente si esta frase se coloca en el contexto de una reflexión sobre la utilidad de la imagen de las mujeres para deleite del sentido de la vista del sexo masculino".

La denuncia alude a este texto del escritor Arturo Pérez Reverte publicado a fines de julio en XLSemanal.

Reproduzco el texto íntegro:





"Muchas veces he dicho que apenas quedan mujeres como las de antes. Ni en el cine, ni fuera de él. Y me refiero a mujeres de esas que pisaban fuerte y sentías temblar el suelo a su paso. Mujeres de bandera. Lo comento con Javier Marías saliendo del hotel Palace, donde en el vestíbulo vemos a una torda espectacular. «Aunque ordinaria», opina Javier. «Creo que no lo sabe», apunto yo. Seguimos conversando carrera de San Jerónimo arriba, en dirección a la puerta del Sol. Es una noche madrileña animada, cálida y agradable, que nos suministra abundante material para observación y glosa. Yo me muevo, fiel a mis mitos, en un registro que va de Ava Gardner y Debra Paget a Kim Novak, pasando por la Silvana Mangano de Arroz amargo; y Javier añade los nombres de Donna Reed, Rhonda Fleming, Jane Rusell y Angie Dickinson, que apruebo con entusiasmo. Coincidimos además en dos señoras de belleza abrumadora, aunque opuesta: Sophia Loren y Grace Kelly. Al referirnos a la primera, Javier y yo emitimos aullidos a lo Mastroianni propios de nuestro sexo –no de nuestro género, imbéciles– que vuelven superfluo cualquier comentario adicional. Haciendo, por cierto, darse por aludidas, sin fundamento, a unas focas desechos de tienta que pasan junto a nosotros vestidas con pantalón pirata, lorzas al aire y camiseta sudada; creyendo, las infelices, que nuestro «por allí resopla» va con ellas. Respecto a Grace Kelly, dicho sea de paso, me anoto un punto con el rey de Redonda –me encanta madrugarle en materia cinéfila, pues no ocurre casi nunca–, porque él no recuerda la secuencia del pasillo del hotel en Atrapa a un ladrón, cuando doña Grace se vuelve y besa a Cary Grant ante la puerta, de un modo que haría a cualquier varón normalmente constituido dar la vida por ser el señor Grant. Pero no sólo era el cine, concluimos, sino la vida real. Los dos somos veteranos del año 51 y tenemos, cine aparte, recuerdos personales que aplicar al asunto: madres, tías, primas mayores, vecinas. Esas medias con costura sobre zapatos de aguja, comenta Javier con sonrisa nostálgica. Esas siluetas, añado yo, gloriosas e inconfundibles: cintura ceñida, curva de caderas y falda de tubo ajustada hasta las rodillas. Etcétera. No era casual, concluimos, que en las fotos familiares nuestras madres parezcan estrellas de cine; o que tal vez fuesen las estrellas de cine las que se parecían muchísimo a ellas. Hasta las niñas, en el recreo, se recogían con una mano la falda del babi y procuraban caminar como las mujeres mayores, con suave contoneo condicionado por la sabia combinación de tacones, falda que obligaba a moverse de un modo determinado, caderas en las que nunca se ponía el sol y garbo propio de hembras de gloriosa casta. En aquel tiempo, las mujeres se movían como en el cine y como señoras porque iban al cine y porque, además, eran señoras. Con esa charla hemos llegado a la calle Mayor, donde se divisa por la proa un ejemplo rotundo de cuanto hemos dicho. Entre una cita de Shakespeare y otra de Henry James, o de uno de ésos, Javier mira al frente con el radar de adquisición de objetivos haciendo bip-bip-bip, yo sigo la dirección de sus ojos que me dicen no he querido saber pero he sabido, y se nos cruza una rubia de buena cara y mejor figura, vestida de negro y con zapatos de tacón, que camina arqueando las piernas, toc, toc, con tan poca gracia que es como para, piadosamente –¿acaso no se mata a los caballos?–, abatirla de un escopetazo. Nos paramos a mirarla mientras se aleja, moviendo desolados la cabeza. Quod erat demostrandum, le digo al de Redonda para probarle que yo también tengo mis clásicos. Mírala, chaval: belleza, cuerpo perfecto, pero cuando decide ponerse elegante parece una marmota dominguera. Y es que han perdido la costumbre, colega. Vestirse como una señora, con tacón alto y el garbo adecuado, no se improvisa, ni se consigue entrando en una zapatería buena y en una tienda de ropa cara. No se pasa así como así de sentarse despatarrada, el tatuaje en la teta y el piercing en el ombligo a unos zapatos de Manolo Blahnik y un vestido de Chanel o de Versace. Puede ocurrir como con ese chiste del caballero que ve a una señora bellísima y muy bien puesta, sentada en una cafetería. «Es usted –le dice– la mujer más hermosa y elegante que he visto en mi vida. Me fascinan esos ojos, esa boca, esa forma de vestir. La amo, se lo juro. Pero respóndame, por favor. Dígame algo.» Y la otra contesta: «¿Pa qué?… ¿Pa cagarla?»"





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¿Leí bien o este famoso escritor prácticamente realiza apología del delito o es una metáfora?
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Libertad de expresión vs. corrupción.


Elisa Carrió deberá enfrentar un juicio oral por la presunta comisión de delitos contra el honor de funcionarios públicos. Conviene recordar que no es silenciando a los denunciantes como los Estados combaten seriamente la corrupción.


Ricardo Gil Lavedra CANDIDATO A SENADOR NACIONAL (UCR-UNA)

Como una pesadilla que no nos abandona, los argentinos hemos asistido en los últimos tiempos a una sucesión de graves episodios que hacen sospechar seriamente de actos de corrupción estatal. Pero lo más preocupante es que no parecen hechos aislados sino productos de la concentración de un poder sin control. En efecto, la discrecionalidad del Poder Ejecutivo en el manejo de los dineros públicos, a través de diversos instrumentos como la ley de "superpoderes", la emergencia permanente o la multiplicación de los fondos fiduciarios, sumado al debilitamiento de los órganos de control, constituyen el marco propicio para que la corrupción aparezca de modo indefectible.

La corrupción corroe la legitimidad de las instituciones democráticas, pues socava la confianza y la credibilidad del pueblo en sus representantes, además de constituir un serio obstáculo para el crecimiento y el desarrollo. Lamentablemente los escándalos de la década del noventa, originados en la misma vocación hegemónica, han terminado en la impunidad.

En este contexto, uno de los instrumentos más vigorosos de lucha contra la corrupción es asegurar la más amplia libertad de expresión. No cabe duda de que la libertad de expresión es un presupuesto de la existencia misma de un régimen democrático. Sin ella no podría el pueblo votar y ejercer sus preferencias, no existiría el necesario debate público sobre cuestiones de interés colectivo para satisfacer el ideal de autogobierno, y no podría cumplirse el principio republicano de transparencia y de control sobre los actos de los gobernantes.

Por estas razones, la libertad de expresión no es un derecho más que deba armonizarse con los demás, sino que goza de una protección "preferente" y sólo puede restringirse ante una necesidad social imperativa. Esta es la postura coincidente del Tribunal Europeo y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Estas consideraciones se vinculan con el juicio oral que deberá enfrentar Elisa Carrió por la presunta comisión de delitos contra el honor, en una audiencia establecida curiosamente sesenta días antes de las elecciones presidenciales, en las que la imputada aspira a presentarse como candidata.

Se trata de una denuncia del 2004 acerca de la existencia de una compleja red de intereses en empresas pesqueras, incluyéndose las sospechas en el crimen del propietario de una de ellas, y la relación de ciertos empresarios con hombres del gobierno, mencionándose al ministro De Vido y a Claudio Uberti, responsable de no aclaradas tareas e involucrado en el último escándalo de la "valija".

Por cierto, la denuncia de Carrió se vincula con cuestiones de inocultable interés público y comprende, además, a funcionarios públicos. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha sostenido que se debe apreciar con sumo cuidado las interferencias a las expresiones de un político, miembro de un partido de la oposición, porque representan y defienden a una porción del electorado y llaman la atención del resto de la población (conf. "Case of Incal v. Turkey", sentencia del 9/06/9.

Por otra parte, en un asunto que guarda analogía con el que nos ocupa ("retornos" de Wasmosy, entonces presidente de una empresa encargada de obras en Itaipú, a Stroessner), la Corte Interamericana señaló que la amenaza penal por el delito de difamación no preservaba en el caso un interés social imperativo e inhibía desproporcionadamente a la libertad de expresión en un asunto de gran interés público, de modo equivalente a la censura (caso "Ricardo Canese vs. Paraguay", sentencia del 31 de agosto de 2004). La exclusión de la persecución penal no excluye, obviamente, que la reputación pueda ser reparada, si corresponde, por otros medios menos gravosos, como el derecho de rectificación o las acciones civiles.

La Convención Interamericana contra la Corrupción establece la necesidad de incentivar las denuncias de hechos de corrupción al obligarse los Estados a consagrar sistemas que protejan a los funcionarios públicos y ciudadanos particulares que denuncien de buena fe actos de corrupción (art. III.

No es silenciando a los denunciantes como vamos a combatir la corrupción. De lo contrario, como afirma Sartori, quien teme decir lo que piensa acaba por no pensar lo que no puede decir.
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APOLOGÍA DEL DELITO- VIOLENCIA DE GÉNERO.

Arturo Pérez Reverte: ¿apología de la violencia de género?

Hoy recibo una denuncia de la red feminista de España donde dice: "Por ejemplo, hoy he tenido la mala suerte de encontrarme con esta frase: …y se nos cruza una rubia de buena cara y mejor figura, vestida de negro y con zapatos de tacón, que camina arqueando las piernas, toc, toc, con tan poca gracia que es como para, piadosamente –¿acaso no se mata a los caballos?–, abatirla de un escopetazo…" Bien, dicen las mujeres de la red feminista: "esto es apología de la violencia de género.

Decir que una mujer que no cumple con el mandato de género de ser una señora, 'como las de antes', merece la muerte, es hacer apología de la violencia de género, por mucho recurso metafórico que uno calce. Especialmente si esta frase se coloca en el contexto de una reflexión sobre la utilidad de la imagen de las mujeres para deleite del sentido de la vista del sexo masculino".

La denuncia alude a este texto del escritor Arturo Pérez Reverte publicado a fines de julio en XLSemanal.

Reproduzco el texto íntegro:





"Muchas veces he dicho que apenas quedan mujeres como las de antes. Ni en el cine, ni fuera de él. Y me refiero a mujeres de esas que pisaban fuerte y sentías temblar el suelo a su paso. Mujeres de bandera. Lo comento con Javier Marías saliendo del hotel Palace, donde en el vestíbulo vemos a una torda espectacular. «Aunque ordinaria», opina Javier. «Creo que no lo sabe», apunto yo. Seguimos conversando carrera de San Jerónimo arriba, en dirección a la puerta del Sol. Es una noche madrileña animada, cálida y agradable, que nos suministra abundante material para observación y glosa. Yo me muevo, fiel a mis mitos, en un registro que va de Ava Gardner y Debra Paget a Kim Novak, pasando por la Silvana Mangano de Arroz amargo; y Javier añade los nombres de Donna Reed, Rhonda Fleming, Jane Rusell y Angie Dickinson, que apruebo con entusiasmo. Coincidimos además en dos señoras de belleza abrumadora, aunque opuesta: Sophia Loren y Grace Kelly. Al referirnos a la primera, Javier y yo emitimos aullidos a lo Mastroianni propios de nuestro sexo –no de nuestro género, imbéciles– que vuelven superfluo cualquier comentario adicional. Haciendo, por cierto, darse por aludidas, sin fundamento, a unas focas desechos de tienta que pasan junto a nosotros vestidas con pantalón pirata, lorzas al aire y camiseta sudada; creyendo, las infelices, que nuestro «por allí resopla» va con ellas. Respecto a Grace Kelly, dicho sea de paso, me anoto un punto con el rey de Redonda –me encanta madrugarle en materia cinéfila, pues no ocurre casi nunca–, porque él no recuerda la secuencia del pasillo del hotel en Atrapa a un ladrón, cuando doña Grace se vuelve y besa a Cary Grant ante la puerta, de un modo que haría a cualquier varón normalmente constituido dar la vida por ser el señor Grant. Pero no sólo era el cine, concluimos, sino la vida real. Los dos somos veteranos del año 51 y tenemos, cine aparte, recuerdos personales que aplicar al asunto: madres, tías, primas mayores, vecinas. Esas medias con costura sobre zapatos de aguja, comenta Javier con sonrisa nostálgica. Esas siluetas, añado yo, gloriosas e inconfundibles: cintura ceñida, curva de caderas y falda de tubo ajustada hasta las rodillas. Etcétera. No era casual, concluimos, que en las fotos familiares nuestras madres parezcan estrellas de cine; o que tal vez fuesen las estrellas de cine las que se parecían muchísimo a ellas. Hasta las niñas, en el recreo, se recogían con una mano la falda del babi y procuraban caminar como las mujeres mayores, con suave contoneo condicionado por la sabia combinación de tacones, falda que obligaba a moverse de un modo determinado, caderas en las que nunca se ponía el sol y garbo propio de hembras de gloriosa casta. En aquel tiempo, las mujeres se movían como en el cine y como señoras porque iban al cine y porque, además, eran señoras. Con esa charla hemos llegado a la calle Mayor, donde se divisa por la proa un ejemplo rotundo de cuanto hemos dicho. Entre una cita de Shakespeare y otra de Henry James, o de uno de ésos, Javier mira al frente con el radar de adquisición de objetivos haciendo bip-bip-bip, yo sigo la dirección de sus ojos que me dicen no he querido saber pero he sabido, y se nos cruza una rubia de buena cara y mejor figura, vestida de negro y con zapatos de tacón, que camina arqueando las piernas, toc, toc, con tan poca gracia que es como para, piadosamente –¿acaso no se mata a los caballos?–, abatirla de un escopetazo. Nos paramos a mirarla mientras se aleja, moviendo desolados la cabeza. Quod erat demostrandum, le digo al de Redonda para probarle que yo también tengo mis clásicos. Mírala, chaval: belleza, cuerpo perfecto, pero cuando decide ponerse elegante parece una marmota dominguera. Y es que han perdido la costumbre, colega. Vestirse como una señora, con tacón alto y el garbo adecuado, no se improvisa, ni se consigue entrando en una zapatería buena y en una tienda de ropa cara. No se pasa así como así de sentarse despatarrada, el tatuaje en la teta y el piercing en el ombligo a unos zapatos de Manolo Blahnik y un vestido de Chanel o de Versace. Puede ocurrir como con ese chiste del caballero que ve a una señora bellísima y muy bien puesta, sentada en una cafetería. «Es usted –le dice– la mujer más hermosa y elegante que he visto en mi vida. Me fascinan esos ojos, esa boca, esa forma de vestir. La amo, se lo juro. Pero respóndame, por favor. Dígame algo.» Y la otra contesta: «¿Pa qué?… ¿Pa cagarla?»"










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¿Leí bien o este famoso escritor prácticamente realiza apología del delito o es una metáfora?
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Para quienes sepan entender:



Soy un enfermo. Una especie de vampiro degenerado y violador.

Un seductor empedernido digno de un hospital psiquiátrico del siglo XIX a fuerza de electroshock y lobotomías.

Un ser despreciable digno de emular a los nazis, o a los represores de la dictadura.

El Saddam de la blogosfera.

Una porquería, basura y un ruin, bajo indigno, depravado y vil degenerado.

Peor que Manson, el petiso orejudo y Mateo Vann.

Infame, ignominioso y vergonzoso. Innoble, servil y rufián villano.

Escribiré cien mil veces en el pizarrón... "no seduciré castas damas incautas y sufridas".

¿Conformes?

Ahora si... déjenme escribir en paz.

Sus comentarios son bienvenidos. Pero su mayoría no serán respondidos.

Gracias.


Imagen: "Narciso yace en el estanque", de Nicolás Poussin (Museo del Prado)
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PENSAMIENTOS SOBRE LA ENVIDIA.

¿Qué es un envidioso? Un ingrato que detesta la luz que le alumbra y le calienta.
Victor Hugo (1802-1885) Novelista francés.


La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestra cuánto se aburren.
Arthur Schopenhauer (1788-1860) Filósofo alemán.

Nuestra envidia dura siempre más que la dicha de aquellos que envidiamos.
François de la Rochefoucauld (1613-1680) Escritor francés.

Castiga a los que tienen envidia haciéndoles bien.
Proverbio árabe

La envidia es una declaración de inferioridad.
Napoleón I (1769-1821) Napoleón Bonaparte. Emperador francés.


La envidia es causada por ver a otro gozar de lo que deseamos; los celos, por ver a otro poseer lo que quisiéramos poseer nosotros.

Diógenes Laercio (S. III AC-?) Historiador griego.

La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual.
Miguel de Unamuno (1864-1936) Filósofo y escritor español.


El silencio del envidioso está lleno de ruidos.

Khalil Gibran (1883-1931) Ensayista, novelista y poeta libanés.

La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come.
Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645) Escritor español.[/color

Después de aquellos que ocupan los primeros puestos, no conozco a nadie tan desgraciado como quien los envidia.
Marquesa de Maintenon (1635-1719) Noble francesa.

LA ENVIDIA Y LA VENGANZA - anónimo.

La envidia y la venganza



Escribió Arthur Miller en las Brujas de Salem: "Odios de muchos años contra vecinos se manifestaron abiertamente, y se disfrutó del placer de la venganza... las sospechas y la envidia que el desgraciado sentía por el que era feliz pudieron estallar, y de hecho estallaron..."
¿Quien ha transitado alguna vez por un sitio ajeno al resentimiento y a la envidia?
Esos paraísos no existen, pienso.
Las persecuciones, en cualquier parte, estallan por cualquier razón por nimia que fuera.
Los ámbitos laborales son muy afines a la caza de brujas, que no sólo es una práctica política a gran escala.
Convivir es de pronto, deponer la sed de venganza. Trabajar es, entre otras cosas, vivir en peligro de ser arañado por envidias gatunas, siempre con las zarpas listas, para oprimir y lastimar
Las hogueras del resentimiento arden en muchos corazones, e incendian la tranquilidad.
No habría venganza sin resentimiento, no se haría odiar, ni odiaría, alguien sin resentimientos. Ahora porqué se es resentido, porqué alguien se llena de odios y envidias es cuestión de historias de vida, complejas, absurdas, a veces, abominables otras, desquiciantes muchas veces.
Si no se parte de est , no se puede entender la maldad pertinaz, las acciones de los hombres tan desmedidas y entristecedoras de la realidad, si el hombre no tuviera historias de vida fatales, no habría casi dramas, no habría quienes incendien la realidad, para dejarnos intranquilos para siempre.

PEOR QUE EL CASO SKANSKA - Joaquín Morales Solá.

PEOR QUE EL CASO SKANSKA.


Es, simbólicamente, peor que el ya grave caso Skanska. Los ilegales petrodólares del aeropuerto estaban expuestos en una valija indudable, mientras el eventual sobreprecio de los gasoductos debe ser comprobado aún por la Justicia. Esa es la rutina de Kirchner en los últimos meses: siempre la última novedad es peor que el incendio que todavía no se apagó. A este ritmo, las certezas electorales del oficialismo comenzarán en algún momento a trocar en incertidumbres. Cada escándalo significa, además, una sangría política. Esta vez la muerte súbita lo fulminó a Claudio Uberti, el promotor clave de toda la relación, pública y privada, entre la Argentina y el gobierno de Hugo Chávez. Hasta los empresarios argentinos con intereses en Venezuela debían inclinarse ante el otrora todopoderoso operador. Uberti reportaba directamente al Presidente y al ministro de Planificación, Julio De Vido, aunque éste último debió cumplir con la ingrata misión del sepulturero. Uberti, dicen, no ofreció resistencia cuando percibió que lo aguardaba, fatalmente, el disfavor y el descrédito.

Más pronto que tarde, el escándalo de la caudalosa valija ha puesto en terapia intensiva un sistema de gobierno, aquí y allá. No hay ideas iguales entre Kirchner y Chávez, aunque a veces dicen discursos similares para confusión de propios y extraños. Pero existe una misma manera de gobernar: el personalismo absoluto, el dominio de los recursos públicos como si fueran propiedad privada y el temor reverencial que provocan entre amigos y colaboradores. La conclusión es, en el caso argentino, que miles de millones de pesos del presupuesto nacional son administrados por muy pocas manos. Casi siempre, sólo se necesitan las dos manos del Presidente.

¿Cómo pudo salir de Venezuela ese avión con 800 mil dólares? ¿Qué sistema de control rige en Caracas? ¿O, acaso, los amigos de Chávez gozan de los ilimitados privilegios de toda elite gobernante bajo un sistema autoritario? El gobierno argentino pone el énfasis en el aumento satelital del comercio bilateral entre los dos países (subió casi diez veces en los últimos años), pero se detiene poco en los riesgos políticos de una relación muy estrecha con un militar tan poco afecto a cualquier mecanismo institucional. Sólo en Uruguay o en Chile hubieran caído algunos ministros ante un trasiego de dinero seguramente ilegal entre funcionarios de dos gobiernos.

El núcleo del problema no es sólo de Chávez, sino también argentino. El gobierno se muestra ofendido con el líder caraqueño. Pero ¿cómo andamos por casa? ¿Por qué sería la primera vez que Antonini Wilson intentó ingresar en la Argentina fortunas dentro de una valija? Doce veces entró y salió del país en los meses de este año. El jueves le mintió a LA NACION, por teléfono, que se encontraba en Buenos Aires. La oficina de migraciones argentina tiene documentado que abandonó la Argentina el martes con destino a Montevideo, donde estaba Chávez, y nunca más volvió a ingresar en el país.

¿Qué destino tenía ese montón de dinero con valores del "imperio", los dólares de los Estados Unidos, país sobre el que Chávez martillea casi todos los días? El juez Jorge Ballestero decidió no cerrar el caso ni delegarlo sólo en el fuero penal económico. El dato tiene su importancia: Ballestero es juez federal y, por lo tanto, tendría jurisdicción sobre el delito en el caso de que se tratara de sobornos. En el fuero penal económico se investigará, en cambio, si se trató de lavado de dinero o de una simple infracción aduanera.

Funcionarios de tribunales señalaron que, por ahora, Ballestero tiene una carpeta vacía. Pero comenzará a llenarla con las respuestas a varias preguntas que hará. Por ejemplo: ¿cuántas veces viajó Uberti a Caracas en los últimos tiempos? ¿Para qué lo hizo en cada caso? ¿Fue inspeccionado siempre por funcionarios de la Aduana? ¿Cuántas veces alquiló Enarsa un avión privado para que sus ejecutivos viajaran cómodamente a Venezuela? ¿Qué razones hubo en cada caso? La sola retahíla de preguntas podría poner a la luz pública el lado oscuro de la Luna en la relación con Venezuela.

El lavado de dinero o la infracción aduanera quedarán en el fuero penal económico. La primera jueza, Marta Novatti, ya se excusó ante los inmediatos maltratos de otro kirchnerista, el director de la Aduana, Ricardo Echegaray, que la culpó por no pedir la detención de Antonini Wilson. Digan lo que digan, lo cierto es que el gobierno trató de esconder el bulto hasta el martes, durante casi tres días, ante la prensa y ante la Justicia.

En el fárrago, todos se olvidaron de otra pregunta elemental: ¿por qué el Estado argentino le regaló un viaje largo a una persona que dice no conocer? ¿O acaso Antonini Wilson pagó parte del alquiler del avión? El abogado Ricardo Monner Sans le hizo esa pregunta a Enarsa, mediante oficio. Un tercer juicio se avecina.

El gobierno argentino apuesta, rápido y seguro, a que se trató de dinero de Chávez para repartir entre sus amigos políticos argentinos, muchos de ellos pertenecientes a agrupaciones partidarias o sociales cercanas al kirchnerismo. ¿No estaríamos, en tal caso, ante una clara injerencia de un gobierno extranjero en la política local? ¿Qué sucedería si los dólares de Chávez hubieran sido de Bush para repartir entre amigos locales? Hubieran sucedido la denuncia y el escándalo internacional.

Al revés, Kirchner prefirió una reunión hermética con Chávez en Tarija. Nadie sabe de qué hablaron, porque nadie estaba más que ellos dos. Luego ocurrió la única coincidencia que tuvieron en su vida Alberto Fernández y De Vido: le reclamaron al gobierno venezolano que explicara qué pasó con ese cofre. Chávez, poderoso y omnipotente como es desde que el precio del petróleo llegó a las nubes, se negó a hacerlo hasta ahora.

La investigación judicial del dinero hurgará, en efecto, en la posibilidad de que haya sido el intento de donaciones del chavismo a sus amigos argentinos. En tal caso, en el país circularía dinero de origen desconocido y existiría un financiamiento espurio de actividades políticas.

No concluirá ahí; también investigará la posibilidad de sobornos en las operaciones por la compra de bonos argentinos por parte de Chávez, que éste ingresa luego en un sistema donde existe una cotización oficial y otra real del dólar. La diferencia es enorme. Se meterá también en la implementación de los acuerdos sobre compra de fueloil venezolano, que la Argentina paga con productos que luego son sometidos en Caracas a un enrevesado mecanismo de evaluación financiera.

Sea como fuere, y aun en la mejor de las alternativas (dinero de Chávez para amigos argentinos), el gobierno de Kirchner no podrá abandonar, fácilmente al menos, el turbio páramo en el que está desde la madrugada del domingo. ¿Qué pasó en esa madrugada desagradable y fastidiosa para que una delegación oficial fuera sometida a semejante escaneo en el aeropuerto? Lo que importa es el hecho y no las eventuales conspiraciones. Un sector del gobierno, no obstante, pone la lupa sobre probables conjuras.

No hubo un héroe solitario en el aeropuerto, capaz de hacerle frente al arrogante Uberti que amenazó con el despido y el infierno a los aduaneros. Se interpuso una delegación de cinco o seis funcionarios de la Aduana que esperaban ese vuelo. Esto es: sabían que ese avión no era bueno ni mucho menos inocente. ¿Quién, con el poder suficiente, lo delató?

Altos funcionarios oficiales evaluaron la posibilidad de que haya existido la gestión de poderosos servicios de inteligencia extranjeros con buena información sobre los manejos aeroportuarios. No lo creo, pero no lo descarto , dijo un ministro de Kirchner. La segunda y última posibilidad es que se haya tratado de un brutal cobro de viejas facturas en la lucha interna entre funcionarios del propio gobierno. Estarían jugando con el fuego muy cerca , apuntó otro kirchnerista.

El viernes, Kirchner caminaba por las paredes de Olivos en lugar de jugar al fútbol. Su esposa estaba peor que él. Versiones que trascienden. Llegará el momento en que Cristina Kirchner se tendrá que enojar en público, y tomar distancia de las correrías oficiales más allá de los trascendidos, si no quiere estrellarse contra una primavera ingrata.

Por Joaquín Morales Solá
Para LA NACION
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EL COLOR DEL DINERO.

EL COLOR DEL DINERO

Susan Segal y el nuevo establishment



Silvia Naishtat
snaishtat@clarin.com


En su última noche en Buenos Aires, Susan Segal compartió un asado con 20 empresarios de 30 y pico, a quienes la presidenta del CoUncil of the Americas llamó el nuevo establishment. Ellos, más modestos, prefieren denominarse emprendedores. A todos los reunió Eduardo Elsztain, dueño de IRSA y de Cresud, con la intención de que escucharan a David Lovegrove, que dirigió la formidable transformación de Irlanda.

El espectáculo comenzó con el relato de los comensales. Así, Guibert Englebienne y Martín Migoya describieron a Globant, una firma mediana que brinda telefonía por Internet a corporaciones gigantescas. En la otra punta, Gabo Nazar, de Cardón, contó la hazaña de transformar el estilo criollo con buen diseño en un negocio colosal. Su marca se diversificó desde las bombachas de campo a las torres y está por acordar con una automotriz la remake de la Estanciera que se llamará... Cardón. En el mismo segmento, Tato Rouillon, de Congelados del Sur, se está haciendo rico exportando la deliciosa cocina criolla. Anne Richard, que descubrió un nuevo filón al asistir a secretarias ejecutivas, se lanzó con la misma plataforma a ayudar a madres primerizas con S.O.S Mamá. Santiago Bilinkis, de Officenet, ya es una potencia en el abastecimiento de oficinas. Lidia Riba y Trini Vergara, de V&R, se están haciendo grandes con los libros de regalo que ya se traducen al ruso.

Algunos parecían snob. Otros confesaron momentos amargos. Y ninguno desdeña las políticas públicas. Dicen que les vendría bien más crédito y cierta orientación.

"Toman riesgos, son creativos, sortean las subidas y bajadas del arduo camino de comenzar y desarrollar una compañía. Son todo terreno", los pintaron Alejandro Mashad y Silvia Torres Carbonell, de la Fundación Endeavor que los asiste. A su lado, la politóloga Graciela Romer destacó que los argentinos están preparados para las crisis y resolver con ingenio la falta de recursos. Lovegrove contó que en Irlanda hay una nueva generación de empresarios similar a estos emprendedores. ¿Milagro de la globalización?
Julio Blanck.
jblanck@clarin.com





Había una vez un bello país en los confines del mundo, rebosante de riquezas naturales y paisajes inigualables, y habitado por una comunidad pujante y educada, en el que un ciudadano extranjero podía llegar con 790.550 dólares portados en una maleta, descender la escalerilla de un vuelo privado y tratar de pasar con su rica carga por los controles aduaneros sin que a sus acompañantes, funcionarios del gobierno, les resultase extraño.

En ese país de ensueño, al ser sorprendido en su mala fe por las autoridades, el valijero visitante podía dejar lo más campante sus cientos de miles de dólares y ufanarse de ello, después de asegurar que de su boca jamás saldría ni el origen ni el destino del dinero. En otras tierras, actitudes como esa responden al mandato de la omertá, la ley del silencio, propia de organizaciones que suelen medrar al margen de la ley, con métodos que no son exactamente pacíficos.

Bello y tolerante país, aquel de nuestra historia, del cual el portador de tan bonita suma podía entrar y salir sin ser molestado, mientras jueces y organismos entraban en confusa discusión para definir quién debía ocuparse del asunto, y los funcionarios gubernamentales, desde el más empinado para abajo, ponían cara de yo no fui, yo no sé nada, no pongo las manos en el fuego por nadie, no tenemos nada que ver, que otros den explicaciones, a mí por qué me miran.

Ese bello territorio, y su gente, tenían la peculiar virtud de aceptar como natural que el embajador del país del valijero visitante dijera, sin el menor apego a la verdad, que ningún funcionario de los suyos estaba en el avión privado, y luego se supiera que venían en él varios ejecutivos de su empresa estatal de petróleo. O que el verborrágico presidente de ese país, en las efusiones de la visita que perpetró por esos días a la idílica nación de nuestro relato, hubiera asegurado, jacarandoso y muy suelto de cuerpo, que hasta las piedras le decían que la próxima presidenta sería la esposa del actual presidente. Menudo favor a la señora: casi podía contarse la cantidad de votos por segundo que perdía por tales zalamerías.

Sobre los gobernantes de aquel país llovieron como diluvio éstas y otras desventuras similares, borroneándoles su pretensión de transparencia. Pero cuenta la historia que ni siquiera así parecía peligrar el favor que les dispensaban buena parte de sus gobernados.

¿Habilidad de los gobernantes para lucir sus logros y transitar sin daño terminal sus fracasos? ¿Espíritu de rebaño de los gobernados, ceguera, necedad o acaso el hábito, adquirido entre penurias feroces, de comparar el presente con el pasado? Todas las respuestas eran posibles, y todas tenían su porción de verdad. Pero también había que buscar la razón de esa supremacía persistente en el talante de quienes se oponían a los que gobernaban.

En aquel bello país, espantados porque muchos jefes de comarca propios se les alineaban con el bando dominante y su bolsillo generoso, los gerentes de un partido centenario arrojaron sobre los díscolos la sanción y el escarnio, buenos para castigar si el que castiga tiene fuerza para hacerlo, pero opaco ejercicio de impotencia si no se cumple esa condición esencial.

Y patrullas perdidas de un viejo movimiento populista, comandadas por generales que ya habían combatido sus batallas con suerte diversa, buscaban afanosas un mascarón de proa con promesa de mano dura, para esconder allí su presente electoral menguado.

En el bello país de este cuento, el próspero líder opositor triunfante en la ciudad capital buscaba los mil y un caminos para evitar un compromiso nacional, ávido de mantener a buen recaudo y sin riesgos su capital acumulado. Por eso trataba de convencer a un testarudo aliado de ceder en su pretensión de enfrentar al matrimonio gobernante. Y recibía de su aliado, peleador como un bulldog irlandés, un reclamo de lealtad. Feo pedido: sólo se hace cuando la falta de ese insumo ha sido comprobada.

Un capítulo entero de la historia de aquel remoto país se escribió un domingo de octubre perdido en el tiempo. Revelar su contenido es algo que aún no nos fue dado.
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